Muere y se lleva a la tumba 137 millones de dólares en criptomonedas de otros inversores

Las criptomonedas como el Bitcoin son una inversión peligrosa. No solo porque su precio es más volátil que la economía de Venezuela, sino porque su peculiar naturaleza y las normas que rigen su existencia pueden llevar a situaciones surrealistas como la que se ha vivido en Canadá. Allí, el creador de un fondo de crioptomonedas ha fallecido llevándose a la tumba 137 millones de dólares procedentes de las inversiones de centenares de personas que, muy probablemente hayan perdido su dinero para siempre. ¿Por qué? Porque el fallecido era el único que tenía las claves para acceder a las cuentas en donde se encontraban las criptomonedas.

Este hecho ha sucedido en la provincia canadiense de la Columbia Británica, cuando el fundador y gestor de la firma QuadrigaCX, Gerry Cotten, falleció, sus socios descubrieron con espanto que él era el único en tener los códigos de acceso que permiten operar con este tipo de divisa. 

Siguiendo los patrones de seguridad habituales en este tipo de inversiones, Quadriga CX almacenó la gran mayoría de la información y las claves para operar con los fondos de sus clientes en una ‘cartera fría’, esto es, en un dispositivo que no está conectado a Internet. Este tipo de aparatos no pueden ser hackeados, algo que si puede ocurrir si las claves están almacenadas en el disco duro de un ordenador.

Al parecer, según una denuncia presentada por los clientes de QuadrigaCX, Cotten habría escondido una copia del dispositivo dentro de un ordenador portátil fuertemente encriptado, y que solo el fallecido podría haber conseguido desenctriptar.

Según informa Ars Technica, los denunciantes, que han contado con la ayuda de los socios de Cotten, aseguran que nadie ha sido capaz de encontrar las claves ni el modo para acceder a ese ordenador portátil. Y eso que han conseguido acceder al correo electrónico y a varias de sus aplicaciones de mensajería, pero no son capaces de dar con las claves.

La situación es crítica para muchos inversores, ya que no solo han perdido millones, sino que además los siguen perdiendo porque  activaron un sofisticado sistema que enviaba dinero automáticamente a las cuentas de QuadrigaCX -sí, las mismas que solo Cotten podía controlar- y no pueden desactivar dicho mecanismo porque es obra del finado y solo él podría llevar a cabo la acción.

La situación es el mejor ejemplo de que las criptomonedas no son una inversión razonable. Es como si cualquier persona perdiera las acciones que hubiera comprado de una empresa o su plan de pensiones se esfumara porque el director de su sucursal bancaria muriera.

Dada la naturaleza de las criptomonedas, no hay un supervisor que dicte unas normas que obliguen a los directores de fondos a ceder sus claves a otra persona o a ponerlas por escrito en un testamento, algo que hubiera evitado esta situación tan incómoda.

De momento, la demanda presentada por los clientes de QuadrigaCX busca determinar si los herederos de Cotten deben hacerse responsables de la situación, o si, al menos, tienen permiso para hacerse con los enseres personales del fallecido, para encontrar algún tipo de clave que les permita tirar del hilo y llegar a los 137 millones de dólares. Aunque no hay muchas esperanzas de que consigan recuperar el dinero.

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