Geopolítica y tecnología en la era del populismo

La geopolítica y el avance de la tecnología generan tensión internacional y la cohesión económica y social de las principales democracias. El triunfo de la economía de mercado sobre el comunismo fue debido en parte a la superioridad tecnológica occidental sobre la URSS. El internet tiene su origen en la red informática desarrollada para mantener la comunicación entre las bases militares en EEUU y que el ingeniero británico Tim Berners-Lee convirtió en la World Wide Web en 1989. Este año celebramos el cuadragésimo aniversario de la histórica llegada a la Luna de la misión Apolo 11.

Países cuyos dirigentes deben desplegar recursos militares considerables para perpetuarse en el poder siempre han sido derrotados por democracias avanzadas que pueden canalizar su potencial financiero y científico hacia la consecución de hitos tecnológicos que sus sociedades comparten. Karl Popper ya advirtió que ante un mundo complejo algunos ciudadanos se refugian en su tribu para desentenderse de su responsabilidad personal. Ante fenómenos como el avance de la automatización, el cambio climático, la creciente desigualdad, el terrorismo y la inmigración, los políticos populistas ofrecen fórmulas de aparente seguridad a corto plazo.

El triunfo del capitalismo y la democracia liberal sobre las dictaduras comunistas no supuso el final de la historia que pronosticó el politólogo Francis Fukuyama. El auge de las potencias emergentes y la globalización han facilitado que la China de Xi Jinping y la Rusia de Vladimir Putin desafíen a Occidente. Que las democracias europeas y asiáticas discrepen abiertamente de las políticas adoptadas por EEUU no es una novedad. Pero dicha sana relación entre Washington y sus aliados genera resentimientos comprensibles. Las 416.000 víctimas militares mortales de EEUU en la Segunda Guerra Mundial la situaron solamente por detrás de la URSS entre las potencias aliadas. También se infravalora el volumen de asistencia material proporcionada por EEUU a Europa después de 1945. A los 200.000 millones de dólares en ayuda concedidos por EEUU entre 1945 y 1948 se añadieron otros 200.000 millones de dólares de ayuda financiera y técnica otorgados por el plan Marshall a diecisiete democracias europeas entre 1948 y 1952. La asistencia estadounidense a las democracias europeas, asiáticas y países de América Latina se mantuvo en niveles altos durante los años sesenta.

Durante la misma década, la URSS intentó estacionar misiles nucleares en Cuba y empezó a financiar guerrillas y gobiernos comunistas en Asia, África y América Latina. Ahora Putin utiliza las bases de Maduro y se lleva el oro de un país cuyo PIB se ha contraído un 44% desde 2013. EEUU incrementó nuevamente su inversión militar para desbordar con el despliegue de los euromisiles en los años ochenta a la URSS, que con sus SS-20 intentó romper el equilibrio nuclear estratégico.
El repliegue militar y proteccionismo comercial practicado por Trump es la expresión del malestar de la clase media y baja con unas organizaciones y tratados comerciales y militares impulsados por EEUU. Trump copió el manual del Brexit al recurrir al inmigrante como chivo expiatorio de un periodo de crecimiento económico que en julio se convertirá en el más largo de la historia de EEUU, pero que se sustenta con altos niveles de endeudamiento familiar. Durante los mandatos de George Bush y Bill Clinton, EEUU apostó por más tratados de comercio regionales e internacionales con la conclusión de la ronda de Uruguay del GATT y la creación de la OMC y NAFTA.

Desde 2001, el déficit comercial de EEUU se ha duplicado, alcanzando los 800.000 millones de dólares. El superávit comercial de México con EEUU se multiplicó por cinco entre 1994 y 2017. A pesar de la imposición de aranceles sobre 250.000 millones de dólares de exportaciones de China, su superávit comercial con EEUU aumentó un 17% en 2018. Más allá de las tácticas cuestionables de Trump, el empresariado de EEUU se opone a los 300.000 millones de dólares en subvenciones que desde 2015 Pekín otorga a empresas chinas en diez sectores de tecnología avanzada.
Ante el crecimiento del PIB más bajo desde 1990, el Partido Comunista chino sabe que no podrá frenar el descontento interno si no puede competir con EEUU y Europa en la producción y exportación de bienes y servicios en telecomunicaciones, TI, robótica, aeronáutica y tecnologías ecológicas. Un crecimiento del 3% en 2018 y la tasa de paro más reducida en medio siglo (4%) han convertido a EEUU en la locomotora de una economía internacional cuyo ciclo de crecimiento sincronizado se acaba.

Las clases medias en EEUU trabajan más y tienen más hijos que una Europa que envejece y cuyos sistemas políticos son incapaces de generar gobiernos que aumenten la productividad con reformas estructurales y hagan frente al populismo económico. Los ejecutivos del sector tecnológico planifican y venden el sueño de hogares y vehículos inteligentes con una red 5G que prometen permitirá que se tripliquen los 26.000 millones de aparatos conectados al internet de las cosas en 2025. Los incrementos de venta anuales de robots industriales son del 15%. Las tasas de robots por 10.000 trabajadores rozan el 10% en Corea del Sur y el 5% en Alemania y Japón. McKinsey prevé que en el horizonte de 2030 la automatización afectará al 20% de la fuerza laboral mundial y al 33% de la de EEUU. Las casas y electrodomésticos inteligentes estarán al alcance únicamente de las clases altas de los países desarrollados.

Las medias y bajas también aspiran al nivel de consumo de los famosos, pero un 60% de los estadounidenses no tiene más de 1000 dólares en ahorros. EEUU avanza hacia la independencia energética y puede permitirse un endeudamiento público alto porque emite la primera moneda mundial. Parte de los 8,6 millones de robots industriales y en servicios a nivel mundial irán eliminando a los trabajadores con menor cualificación, destruyendo la base de clientes de las FAANG.

Putin anuncia que Rusia podrá desconectarse de internet y que cuenta con un mísil nuclear hipersónico. La rivalidad geoeconómica entre EEUU y China persistirá más allá de acuerdos comerciales puntuales porque Beijing se alía con Moscú en el apoyo a Venezuela, Irán, Corea del Norte y no respeta las aguas territoriales de sus vecinos. Al igual que en el pasado, los ciudadanos y gobiernos europeos serán decisivos en la pugna entre el nacionalismo económico abanderado por Donald Trump y el acoso geoestratégico de China y Rusia.

Alexandre Muns es Profesor de OBS Business School

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